Estaba de vacaciones en Madrid durante el mes de julio y el calor me tenía muy cachondo… Decidí coger el metro y acercarme al Centro Comercial de Príncipe Pío. Eran las tres de la tarde, pero no aguantaba más.

No había mucha gente comprando, pero la zona de restauración estaba llena. Me encaminé hacia los servicios que se encuentran en la planta baja, al lado de “Rodilla”.

Entré y fui directo hacia los urinarios, encontrándome con un señor bastante mayor. Salude por educación y de esta manera le hice ver que estaba allí. Me coloqué a dos urinarios del suyo y comencé a mear, miré por curiosidad, pues no se escuchaba sonido alguno de que estuviera meando.

No me sorprendió cuando el hombre mayor se separó un poco del urinario y dejo ver su pollón. Me miró y sonrió al verme que para nada me molestaba… ni me marchaba. Éste comenzó a masturbarse allí mismo al tiempo que me suelta:

Déjame ver tu polla”.

Yo estaba empalmado y sin pensármelo dos veces… me separé del urinario, mostrándola como la tenía y me volvió hablar:

Acércarte un poco para verla mejor y tocarla”.

Sabía perfectamente lo que iba a ocurrir si me acercaba y no le hice esperar, me acerqué y ambos nos veíamos nuestras pollas, éste aparto su brazo izquierdo de su cuerpo y lo alargó hasta introducirlo entre el urinario y mi cuerpo, acabando por cogérmela y decirme:

Tienes un buen pollón como yo, además que eres muy guapo”.

Comenzó a masturbarme y sentí como su mano tocaba mi polla, mis huevos. Después la apartó y empezó a acariciar mi culo y ascender por mi espalda. Tras varios segundos, retiró su mano y la colocó nuevamente sobre mi polla, pajeándome de nuevo.

De repente escuchamos como se abría la puerta y entraba alguien al baño. Era un tío también madurito, unos cincuenta años. Se colocó en el urinario al lado mio y empezó a mear. Cuando terminó, en vez de subirse la cremallera e irse, se quedó con la polla fuera y noté como miraba mi rabo.

Al ver que yo estaba empalmado, éste se agacho, tomó mi polla y se lo llevó a su boca. Sentí un gran placer por esos labios y esa lengua. Este madurito la mamaba muy bien, sacaba mi polla de su boca levantándola con una de sus manos al tiempo que introducía su boca mis huevos, mientras su otra mano acariciaba mi pecho.

A los pocos minutos, sacó mi rabo, me miró y me preguntó:

¿Te gustaría que te follaran mientras te la comen o tu se la comes a otro?

A lo que respondí: “Me encantaría”.

Nada más acabar de decirlo, apareció otro hombre por detrás, canoso y con camisa de cuadros. Mientras el primero continuaba mamandome, el segundo me quitó el primer botón de la camisa al tiempo que se acercó a mi oído y me dijo…

¿Vamos a una cabina los tres y follamos?

Accedí y nos metimos los tres. Cerramos la puerta, me bajé el pantalón rápidamente y sentí como me impregnaban el culo de lubricante y jugaban con él. Deseaba ser follado en ese momento.

Me senté en la taza mientras el primer maduro se colocó a mi derecha al tiempo que el segundo se puso a mi izquierda. Me bajé un poco el pantalón y cuando levanté la cabeza me encontré de frente los dos rabos deseando ser mamados. Pensaba como aquel hombre con la edad que tenía, podía tener esa polla tan tiesa, ¿Habría tomado viagra? Le mediría unos veinte centímetros y era bastante gorda. Tras coger las dos pollas, empecé a mamarlos sin parar. Les comía el capullo, los huevos, me atragantaba,…

No podía aguantar más, así que me levante, me incliné y ofrecí mi culo a los dos. El segundo maduro que entró en el baño se colocó detrás mía, cogió su rabo con una de sus manos mientras que con la otra me tomaba por la cintura. Sentí como su capullo entraba poco a poco en mi culo. El otro tío, se pajeaba y me tocaba los pezones.

El tío me estaba follando con un frenético mete saca, dándome de vez en cuando unas buenas embestidas con fuerza. De repente, sacó su polla y me avisó que se iba a correr. Me di la vuelta, me agaché y abrí mi boca. El tío me metió el rabo y empezó a correrse. No daba a basto, tragándome bastante leche. Cuando terminó, la sacó y se fue diciéndome:

Menudo coño tienes, si vivieras conmigo, te follaría todos los días”.

Ahora el primero se arrodilló y se colocó debajo mía. Tomó mi rabo y tras darme unos buenos lametones, se la metió en la boca. Estaba tan cachondo que enseguida me vinieron las ganas de correrme. Le avisé y le pregunté que donde quería la corrida. Me contestó que la quería en la boca para tragársela. Así que no me lo pensé y empecé a correrme en su boca. El tío se relamía de gusto y no quería desperdiciar ni una sola gota de leche.

La tarde se estaba dando bastante bien. Me empecé a vestir mientras seguía pajeándose. La verdad que me daba un poco de palo irme antes de que se corriese. Me quedé a su lado mientras le tocaba los huevos.

Su respiración empezaba a ser más fuerte y se veía que estaba a punto de correrse. De repente me quitó la mano de sus huevos y me dijo que si podía correrse en mi espalda. La verdad que ya estaba vestido, pero no pude resistirme. Me quité la camiseta rápidamente, me bajé el pantalón y me incliné.

El hombre siguió pajeándose unos segundos más, cuando noté como un buen chorro de leche caliente alcanzaba mi espalda. Y también noté como me tomaba de la cintura con las dos manos y empujaba contra mi culo hasta que me la metió, terminando de correrse dentro.

Me dolió un poco cuando me la metió, pero al ser inesperado… me gustó. Me incorporé y me limpié.

Antes de salir, entreabrí un poco la puerta de la cabina y cuando vi que no había nadie, salí despidiéndome del madurito.

Mientras bajaba las escaleras hacia el metro, en mi cabeza aún estaba la tremenda sesión de sexo que había tenido con aquellos maduros.

Comentario: “Relato Gay – Trío de maduritos en los baños

  1. Mi buen cuento, me mantuvo todo el tiempo a la expectativa y con tremenda erección

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