Vivo en el barrio mas cerdo de la ciudad. Hace ya unos meses que me cambié de barrio y sexualmente hablando no pude elegir mejor.

En los primeros días conocí a M., un chico de unos 30 años que vive en el portal de enfrente con su novio y por las tardes mientras el otro trabaja nosotros fallábamos como perros.

Lo que éste no sabía era que por las mañanas quedaba con su novio J., de 25 años y que era un hijo de puta, ese si que sabía lo que yo quería.

Un día entre semana subí a ver a M. como de costumbre y empezamos a besarnos, comernos los rabos, jugar con nuestros culos y con un consolador doble y enorme que él tenía en casa. Estábamos los dos compartiendo el consolador a cuatro patas y gozando como autenticas perras cuando en ese momento se abrió la puerta y entró P.

Recuerdo su cara, estaba sorprendido, no era que su novio le engañase, es que era con el mismo que el le engañaba. Puse mis ojos en P. con una mirada pícara y lo entendió.

Ahora vais a saber lo que es bueno” sentenció P. En ese momento comenzó lo bueno. Nos amordazó a los dos y comenzó a jugar con nuestros cuerpos, cachetes y bofetadas. Quería castigarnos pero estábamos excitándonos cada vez mas.

Me puso sobre su novio y dijo que nos estuviéramos quietos que estaría clavándonos y turnándose de culo continuamente. Así durante un buen rato, teníamos el culo roto y enrojecido de tanto azote.

P. nos metió en la bañera y nos obligó a corrernos uno sobre otro. Nos limpiamos con la lengua y al final terminó corriéndose en nuestras caras mientas aun estábamos saboreando las corridas.

Desde ese día quedamos muy a menudo, solemos compartir juegos y la verdad que nos los pasamos muy bien. En unos días tenemos previsto quedar con otro chico del barrio. Solo de pensarlo se me dilata.

Relato escrito por: @milktours

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