Como os conté en otro Relato Gay después de una experiencia de lo mas divertida en los servicios de la estación de Chamartin… Pero aquel día me tenía reservada otra sorpresa.

Después de vestirme bajé al anden y me monté en el tren. El tío que estaba en el baño de la estación, subió en el mismo vagón que yo.

El tren arrancó y yo me quedé dormido enseguida y más, después por el “jaleo” que acababa de pasar hacía unos minutos.

Cuando abrí los ojos el tipo estaba justo enfrente de mi, en uno de esos asientos que hay en los AVE que tienen una mesa en medio y van en sentido contrario a la marcha.

Desde mi asiento le veía trastear con su móvil pero no me quitaba el ojo de encima. Muy discretamente se tocaba de vez en cuando el paquete que ya marcaba una polla bastante animada, quizás la paja del baño se le había quedado corta.

Miré alrededor y vi que en el vagón había muy poca gente y que el baño estaba justo en mi vagón, y al ser el ultimo era bastante tentador para morbosear….

El tío seguía tocándose la polla y yo me levanté del asiento y me fui al baño. Nada más entrar, me di cuenta de que allí sería muy complicado hacer algo, era muy pequeño…

Volví a mirar hacia atrás y vi como el tío se levantaba. Entré en el baño y me bajé los pantalones dejando la puerta abierta pero sujetándola con la mano. Quería poder cerrar rápidamente en caso de que viniera alguien.

Me bajé los pantalones y los boxer apartando con cuidado la camisa y la corbata para que no se manchara. Empecé a pajearme y vi como por la abertura se asomaba el tío mientras se sobaba la polla por encima del pantalón.

Abrí un poco mas y el se alejó un poco para refugiarse en el hueco de la puerta del tren. Así tendría una estupenda vista de mi polla.

Nervioso no dejaba de mirar hacia el pasillo mientras se bajaba la bragueta y se masturbaba.

Yo me dí la vuelta y me abrí un poco el culo. Levanté las piernas para que me viera el hojaldre. El no pudo más y se acercó para meter la polla por la puerta entreabierta mientras seguía mirando al pasillo.

Le pegué un par de lametones y una buena la lamida a los huevos. Pegó un par de gemidos y tapándose con las manos volví al refugio de la puerta del vagón.

El morbo de la situación me tenia a cien y poniéndome de pie me pajeé hasta que me corrí.

Desde mi posición vi como el voyeur se apoyaba en la pared del vagón y se corría en una de sus manos mientras no quitaba ojo al pasillo.

Me limpié con cuidado mientras el se limpiaba con un pañuelo de papel. Cerré la puerta para terminar de limpiarme y al salir el ya estaba sentado en su asiento.
Me fui a la cafetería del tren para tomarme un café…

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