Durante unos meses el trabajo me llevo lejos de Madrid. Tener que coger el tren se convirtió en algo habitual y pasaba varias veces por la estación de Chamartín, que se encuentra en la zona norte de Madrid.

Los baños de esta estación son un lugar habitual de cruising, pero yo no me había dejado caer muy a menudo por allí. Además los baños públicos a veces pueden ser un lugar muy morboso pero a veces o está muy sucio o el personal de seguridad no dejan de entrar para controlar el asunto.

Un miércoles por la mañana perdí el tren que me llevaba a Segovia y hasta dos horas después no salía otro tren. Después de desayunar me fui a los baños que están en uno de los extremos de la estación. Entré en el baño y no había nadie a la vista.

Me acerqué a un urinario y me saqué el rabo y me puse a mear. En ello estaba cuando escuche entrar a alguien. Me giré y vi a un tío de unos 45 años alto, un poco gordo, moreno, con una barba recortada y que me sacaba una cabeza.

Se puso a mi lado y se sacó la polla. Se puso a mear y yo muy discretamente, intenté echar un ojo a su rabo, pero estaba tan pegado al urinario que apenas pude ver nada. Aquello me la puso dura al momento, pero el tío se subió la cremallera y lo vi salir.

Yo también me subí la bragueta y seguí al hombre que cruzó el vestíbulo lleno de gente en dirección a los otros baños que están al lado del Burguer King.

Siguiéndole, entré en el baño justo a tiempo para ver como se ponía en uno de los urinarios de pie que hay. Mientras yo me metí en una cabina a esperar acontecimientos. Estos baños parecen pensados para el morbo y el sexo mas guarro.

Las puertas y los paneles de los reservados no llegan hasta el suelo y entre el panel y la pared hay un hueco por el que, con un poco de maña te puedes asomar a la cabina de al lado. Me quité los pantalones del traje y colgué la americana junto con la camisa en un gancho de la puerta. Así, en calzoncillos, abrí un poco la puerta para mirar fuera.

El tipo grande estaba en un urinario y a su lado dos hombres maduros que le miraban con bastante interés. Uno de ellos reparo en mi e intento acercarse a la puerta. Yo cerré, ya que no me atraía nada. Esperé un poco y volví a abrir la puerta, el otro tipo mayor me enseño su polla pero cerré la puerta de nuevo, ya que escuché entrar a alguien.

Poco después escuché cerrar la puerta de al lado. Yo ya llevaba un rato sobándome por encima del boxer y decidí quitármelo.  Lo dejé colgado junto con el resto de la ropa. Me asomé con cuidado a la cabina de al lado y vi a un tipo de unos treinta años, con la cabeza rapada y delgado que se había sacado la polla y se masturbaba con fuerza.

Me subí a la taza para poder mirar mejor y vi como en la cabina contraria, había otro chico joven, moreno de piel, con el pelo largo que observaba como el tío se pajeaba.

El pajero abrió los ojos y nos observó mientras seguía masturbándose. Con la otra mano se acariciaba unos huevos muy gordos y mientras yo me pajeaba.

Casi sin esperarlo el tío se corrió echando unos buenos chorros de lefa que cayeron sobre el wc. Se subió el pantalón y se largó mientras yo, muerto de deseo me bajaba y entreabría la puerta. Ahí seguía el hombre grande que se giró a mirarme.

Yo le deje ver mi polla a el y a los dos que tenía al lado. Sin darme casi cuenta, un hombre de unos cuarenta años, alto y delgado se coló en mi reservado. Se sacó una polla fina pero muy larga. Sin dejarme reaccionar, me empujó la cabeza hacia abajo y me metió la polla en la boca. Aquello empezó a crecer mientras yo la chupaba.

– “Chupala, chupala ahi bien” me decía mientras me empujaba hacia su polla. Yo me saqué su rabo de la boca un momento y le dije “Abre la puerta que me da morbo

Abrió la puerta y yo seguí chupándosela mientras aquel grandullón nos miraba. Escuchamos entrar a alguien y sin sacarme la polla de la boca cerramos la puerta.

El hombre me levantó y empezó a pajearme mientras yo hacia lo mismo con él. En un momento miramos a un lado y el tipejo grande asomaba su cabeza por el hueco del reservado. Estuvo así durante un rato, observándonos, mientras yo volvía a dedicarme a chupar el rabo para darle morbo al otro.

Le invitamos a unirse, pero no quiso. Era evidente que yo no le gustaba ya que me había ofrecido anteriormente y pasaba de mi. Pero parece ser que si le gustaba el otro, el que me follaba la boca, porque salió de mi reservado y se metió en el otro. Me asome, y ahí estaba el tío grande comiéndole el rabo al cuarentón.

Le veía de espaldas mientras le comía la polla al otro. Me subí a la taza como la anterior vez y me deleité viendo como le empotraba su polla en aquella enorme cabeza.

El tipo me miraba fijamente mientras seguía follándose esa boca y le decía “Cómetela toda… ¿Quieres mi leche?”

El gigante negó con la cabeza. El otro le sacó la polla de la boca y se corrió en la barba.

En ese momento yo no pude más. Me senté en la taza y me corrí. Echándome la mayoría de la leche en el vientre mientras tres tíos se estaban pajeando en la puerta de mi cabina.

Cerré la puerta y me limpié. Recompuse mi traje para salir al vestíbulo como si nada hubiera pasado.

Cuando bajé al anden, ví delante que estaba uno de los tíos que se estaban pajeando cuando me corrí. Al igual que yo, se preparaba para coger el mismo tren que yo…

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