Todos tenemos en nuestra mente cual fue el polvo de nuestras vidas.

Aquel donde te quedas con las piernas temblando, todo te huele a sexo, sientes tu cuerpo lleno de lujuria y sientes que tu cara aún está manchada de la corrida de tu macho.

Conocí a un empresario Mexicano en un Forum en Madrid, por el chat se vendía como un auténtico cerdo en la cama y que me destrozaría sin piedad. Así fue.

Quedamos en la habitación 211, la puerta estaba abierta y por mi cabeza solo pensaba lo que me esperaba allí. Entré, lo vi sentado mirando por la ventana con una copa de whisky en la mano, me dijo “ven, desnúdate y túmbate aquí a mis pies” desde ese momento comenzó el polvo de mi vida.

Recogió mi ropa y la metió en la caja fuerte de la habitación, algo estaba pasando, “Tendrás que hacer todo lo que yo te ordené, o saldrás de aquí desnudó” dijo el empresario. En ese momento se sacó el cinturón y me ató las manos a mi espalda, me puso sus pies delante de la cara, me mando sacar la lengua y comencé a comerlos como si se tratase de una dulce polla. Al rato, sacó de un cajón el lubricante y un enorme consolador, me temía lo peor y así fue, comenzó a follarme el culo sin piedad, mientras mi cuerpo comenzaba a sudar y a sentir un placer difícil de describir.

Me tumbó en la cama enfrente de un espejo, se tumbó encima y comenzó a clavármela sin ningún tipo de consuelo, me agarró la cabeza y obligó a besarme con mi reflejo en el cristal donde de vez en cuando metía su boca. No podía más, aquel “hijueputa” me estaba destrozando el culo, llevaba cerca de una hora clavándome la polla y no tenía pinta de querer parar.

Sin esperármelo, me abrió la boca y comenzó a echarme su saliva yo obligándome a tragarla, cada vez que me lo hacía tenía que evitar correrme, pero en una ocasión no lo pude evitar, comencé a gritar de placer y a soltar toda la leche.

Hijueputa, cabrón, ahora te vas a tragar tu propia corrida y cuando la termines te daré mas leche” dijo el. Con mis dedos comencé a comerme toda mí leche y en ese momento sentía los latidos de su polla dentro de mi, estaba apunto de correrse, la quitó rápidamente y se corrió en el espejo mientras yo me auto-besaba y trabaja su corrida.

Terminó dándome unos suaves cachetes y diciéndome: “hijueputa parece que aquí también sabéis ser buenas zorras“.

Por surte acababa de empezar a ver la serie de Pablo Escobar en Netflix y mi reacción cada vez que me insultaba o llamaba “hijueputa” fue la correcta y no pregunte.

Tengo su teléfono, y de vez en cuando me manda alguna foto erótica, y algún que otro video donde puedo ver como su polla suelta un tremendo corridón.

Relato Gay escrito por: @miltours

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