Lo recuerdo como mi último polvo antes de empezar a salir con mi actual novio.

Suena frívolo, pero entre que fue el último y que fue uno de los chicos más morbosos con los que me he liado, marcó y para bien.

Me habló por Grindr una noche de viernes que andaba yo buscando guerra, aunque no fue entonces cuando quedamos (de hecho, aquella noche acabé quedando con otro chico, un venezolano con un pollón de infarto que me folló divinamente).

Fue el domingo por la mañana, mientras mis compañeros de piso estaban de resaca, cuando fui a casa de Ricardo.

Vivía solo por Malasaña. Treinta años, ojos azules, rapado por completo (para disimular la incipiente calvicie, he de decir) y también venezolano, aunque no se lo noté en el acento. Los saludos de cortesía fueron mero trámite; en cinco minutos ya me tenía desnudo sobre su cama y comiéndole la polla.

Era un miembro delicioso, curvado hacia arriba y con una erección engañosa: parecía muy pequeño en flacidez, tanto que temía que me fuese a ir de allí insatisfecho, pero en cuanto empezó a crecer se convirtió en una polla de 20 cm bastante gruesa. Una delicia, vaya. Podría haberle comido la polla durante horas, pero Ricardo no se iba
a confirmar con eso.

Me abrió de piernas y empezó a comerme el culo mientras me decía las ganas que tenía de follarme. Yo estaba dilatando de puro gusto por lo que me esperaba. Se puso un preservativo, se lubricó bien él y me lubricó bien a mí. Me puso boca arriba y colocó la punta de su miembro en mi culo.

Al principio pensé que no entraría, que era demasiado grande, pero Ricardo empezó a empujar aquello acabó entrando. Le pedí que se quedase dentro sin moverse para terminar de acostumbrarme al tamaño de su pene.

Dolía y molestaba un poco, pero tener esa delicia dentro me estaba provocando un calambre de placer que me estaba recorriendo todo el cuerpo. Luego vino lo bueno, empezó a moverse y a meter y sacar poco a poco. No sé cuánto tiempo estuvimos, pero me estaba obligando a no tocarme para no correrme antes de tiempo.

Ya me follaba en todas las velocidades y sin contemplaciones. Hasta que, con su polla dentro del todo, me ofreció experimentar con dildos. Sin pensármelo dos veces le dije que sí (nunca había usado una cosa de esas). Era un pene de silicona violeta, de los que vienen con dos extremos iguales. También era largo y razonablemente grueso, aunque en ese punto ya no me importaba mucho.

Tengo sentimientos encontrados con los dildos. Desde luego, nada como una polla de verdad y un tío manejándola. Por otra parte, al no requerir el esfuerzo físico del empuje de caderas, Ricardo me lo metía y sacaba sin miramientos, hasta el fondo, sacar del todo y meter entero otra vez, a toda velocidad. Yo ya estaba incapacitado de placer y hasta un poco exhausto de todo lo que me estaban follando.

Le pedí que se pusiera boca arriba en la cama, me saqué el dildo y me senté sobre su polla a cabalgarle. Al tener la polla curvada hacia arriba, me estaba sobreestimulando constantemente la próstata y en cuanto me tocó un poco me corrí sobre él.

El orgasmo me llegó como un calambre que me dejó las piernas dormidas de placer. Me sacó la polla, me hizo agacharme a comérsela y no tardó mucho en correrse en mi cara. Qué cara de disfrutar me ponía mientras me echaba la leche.

Después de aquella primera vez, seguimos hablando mucho por WhatsApp. Constantemente me proponía alguna cerdada y yo gustoso le daba coba, pero no llegábamos a quedar. Surgieron diversos temas de conversación. El que dio lugar a nuestro segundo encuentro fue el vídeo del Gang Bang, Bareback a Jeb Athens .

Ahí le confesé mi fantasía prohibida: tener a varios tíos usándome y corriéndose en mi culo, uno detrás de otro. Él se ofreció entre risas a entrenar mi culo para aguantar una sesión de sexo cañero grupal. Esa misma tarde.

Así que esa misma tarde volví a su casa, sin poder contener la excitación en el metro. Me recibió en chándal gris (es una prenda horrible, ¿pero qué tiene que marca tan bien el paquete?) y mientras me besaba me tiró a la cama.

Me lancé rápidamente a liberar su polla para empezar a chuparla y me coloqué en posición de 69 para que él pudiera comerme el culo a gusto y aproveché la inclinación de su miembro para metérmelo entero hasta la garganta.

Ricardo se estaba volviendo loco de placer y me hizo colocarme a cuatro patas. Condón, lubricante y a follarme a lo bestia. De a cuatro patas pasamos a cabalgarle yo, luego a follarme él conmigo boca arriba… Estaba tan caliente que le dije que quería un dildo en mi culo mientras le comía la polla. Dicho y hecho. El pene de goma violeta entraba y salía mientras yo me deleitaba con aquel manjar de carne en mi boca. Entre jadeo y jadeo me dijo que mi culo estaba preparado para soportar un equipo de fútbol follándome por turnos.

Me quitó el dildo y se puso otro condón. Volvió a follarme boca arriba y yo sabía, por el cosquilleo que me recorría desde el abdomen a los pies, que no aguantaría muchas más embestidas sin correrme, a pesar de que intentaba evitar tocarme. Sacó la polla (¡qué respiro momentáneo!) y se quitó el condón. Yo creía que querría ponerse otro.

Ricardo me miró, como pidiendo mi aprobación, me abrió las piernas y sin preguntar más me metió su polla desnuda en el culo. Niños, está muy mal hacerlo a pelo con desconocidos, pero hay que reconocer que no hay color en cuanto a placer.

En cuanto sentí su polla dentro, liberada de la goma, y consciente de lo que significaba, solté un gemido de placer.

Mi culo estaba tan dilatado que me podía sacar la polla por completo y metérmela hasta el fondo de nuevo sin problema.

Ricardo empezó a jadear y acelerar el ritmo y yo no pude evitar correrme sin tocarme. Me embistió hasta el fondo y se quedó ahí, preñándome. Cuando se retiró, pude notar su leche escurriendo por mis nalgas y mi muslo.

Esa fue la última vez que lo hicimos, y desde entonces aún seguimos hablando y guarreando por mensajes. Todavía me dice de las ganas que tiene de volver a pillarme por banda y no dejarme escapar. Pero al poco tiempo me metí en mi actual relación, así que por ahora, volver a dejarme follar y preñar por él se queda dentro de las fantasías y las pajas.

Relato escrito por: Daniel Lobo

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