Cuatro días de acampada. En medio del bosque. Una buena forma de desconectar. Seriamos unas veinte personas.

La idea se le ocurrió a mi amigo Sergio en una de esas conversaciones al final de la noche. Solíamos quedarnos dentro del pub con el cierre echado a hablar un rato antes de irnos a casa. Y fue justo en una noche de estas cuando surgió la idea de organizar una quedada.

Inicialmente nos íbamos a juntar un grupo de cinco o seis amigos y cada uno debería de invitar a otros dos o tres más que no teníamos que conocer. De esta forma, haríamos nuevas amistades y ampliaríamos nuestro círculo social.

Un mes más tarde, después de una hora de tren y una caminata de media hora; cargados con mochilas, tiendas y neveras, nos encontrábamos en un lugar perfecto para acampar.

Ya se habían hecho todas las presentaciones en la estación del tren. Eramos solo tres parejas, una de ellas, Mario y yo; los demás chicos y chicas estaban sin compromiso y con evidentes ganas de pillar algo 😉

Montamos las tiendas y organizamos la comida. También preparamos una pequeña hoguera y comenzamos directamente con las primeras cervezas y las primeras risas.

Un grupito de gente se marchó de exploración, otro se dedicó a preparar la comida y yo me puse a tomar el sol… más tarde, la cena… más cervezas y… llegó la hora de irse a dormir.

Había que repartirse en las tiendas y como es normal, las parejas querían dormir juntas. Pero no había tiendas para todos, así es que dormir solos y juntos Mario y yo, no iba a ser posible. Lo echamos a suertes. A nosotros nos tocó la misma tienda, compartida con dos chicas que habíamos conocido ese mismo día.

No era demasiado tarde cuando nos fuimos todos a dormir, prácticamente al mismo tiempo. Estábamos reventados del viaje y la caminata. Nos metimos los cuatro en la tienda. La verdad es que no era una situación muy cómoda; la tienda era bastante pequeña y solo había un saco de dormir, de los grandes, para los cuatro; además, hacia algo de frío…

Las chicas se pusieron una a cada lado, dándonos la espalda, intentando no rozarnos, pero sin poder evitar que en algún momento hubiese choque de culos. Así es que Mario y yo, optamos por apretarnos el uno contra el otro.

Empezamos a restregarnos muy despacio, con ligeros movimientos enlazando nuestras piernas. Al momento, nuestras manos ya se empezaron a colar por debajo de nuestra ropa.

En el momento que Mario me rozó los pezones, yo di con su polla, que ya estaba más que dura… muy dura.

Se quitó los pantalones dentro del saco y yo hice lo mismo con los míos, quedándonos solo con las camisetas.

Seguimos manoseándonos, rozándonos los pechos, entrelazando los muslos… besándonos… Aprovechamos al máximo el poquito espacio del que disponíamos dentro del saco, entre las dos chicas… ¿dormidas?… ¡Nos habíamos olvidado completamente de ellas!

Paramos un momento y las miramos. Parecían dormidas, aunque tenían los ojos cerrados con demasiada fuerza. Nos quedamos un rato mirándolas y no se movían lo más mínimo. Parecía evidente que se estaban haciendo las dormidas. Eso significaba que no iban a decirnos nada; así es que… !a seguir¡.

Le dí la espalda a Mario y le puse el culo. Me colocó su polla y la restregó despacito haciendo que mi culo estuviera cada vez mas mojado. De repente me metió la polla hasta el fondo. La sacaba y la metía suavemente mientras yo me deshacía y me mordía los labios para no gemir.

A la mañana siguiente nos despertamos los cuatro prácticamente al mismo tiempo. Las dos chicas no mostraron sorpresa cuando nos vieron salir desnudos del saco. Rápidamente cogieron su neceser, las toallas y salieron de la tienda.

Cuando nos juntamos todos para el desayuno, algunos no podían disimular que estaban al corriente de nuestra follada.

La noche siguiente, las dos chicas no quisieron dormir con nosotros. Normal. Se acoplaron en otra tienda; pero nadie se intercambio por ellas y nosotros, nos encontramos con la tienda para nosotros solos… y todavía quedaban tres días de acampada.

Aquella noche no hizo falta callar mis gemidos, ni al día siguiente, ni por la mañana, ni por la tarde . Fueron tres días follando y tomando el sol… No hicimos nuevos amigos, ni nos volvieron a invitar a otra excursión pero… ¡Y lo que disfrutamos!

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