El verano del 2016 lo pasé trabajando de repartidor en Ibiza.

Debido al turismo, hay mucho trabajo en verano, pero los alquileres están por las nubes. Por suerte, un amigo me consiguió una habitación a buen precio. Tras un verano muy intenso entre el trabajo, las fiestas y la playa, septiembre se presentó muy aburrido. Todos mis amigos y conocidos se habían ido ya, y aparte del trabajo no hacía prácticamente nada.

Ese verano tenía 21 años y siempre me habían atraído los tíos, pero nunca lo había reconocido. Había follado con tías, que también me ponen, pero no hay nada como el morbo de comer una buena polla.

Así que una tarde decidí ir a dar un paseo a la playa de Es Cavallet, conocida por ser una playa nudista, en cuyas dunas se practica cruising. Me puse una gorra y gafas de sol, para evitar que me pudieran reconocer, cogí el coche y allí me planté.

Me propuse llegar hasta el final de la playa, donde está el famoso “Chiringay” y allí decidir lo que hacer. Al poco de empezar a andar vi a un hombre de unos 45 de espaldas, que parecía estar meando. Cuando me acerqué, ya había acabado, me esperaba mirándome y acariciándose el rabo por fuera del pantalón. No me interesaba así que seguí caminando.

Poco después, al borde de las dunas apareció un chico joven, mayor que yo, pero joven. No tendría más de 25. Era moreno y con barba. Me miraba y yo le miré, pero en vez de meterme a las dunas seguí caminando, ya que quería llegar hasta el Chiringay.

La playa era más larga de lo que pensaba, tardé unos 20 minutos en llegar al otro extremo. Allí estaba el Chiringay, se escuchaba música techno y se veía a una veintena de personas bailando. Supongo que en julio/agosto habría mucho más ambiente, en septiembre el turismo decae.

Música techno no era lo que estaba buscando, así que miré a mi alrededor. Podía seguir caminando por una zona de calitas de roca, o podía meterme a la derecha a las dunas. Vi que por las calitas había dos hombres de pie. No se veía bien lo que estaban haciendo, pero me dio morbo y me acerqué. Antes de acercarme demasiado, me vieron y se alejaron, así que me di media vuelta y me metí en las dunas. Estaban llenas de matorrales y árboles pequeños, lo quevla hacían un sitio bastante bueno para el cruising.

Llevaba media hora paseando por los senderos, sin ver a nadie, y lamenté no haber ido en agosto. Seguramente un mes antes hubiera habido más gente.

Al cabo de un rato escuché unas voces y me dirigí hacia allí. Pronto vi a tres tíos maduros, de unos 40 años, que iban por un sendero, seguramente buscando un sitio cómodo. Como ellos no me habían visto, decidí seguirles, y cuando encontraron el sitio, me acerqué hasta poder verlos bien. Era la primera vez que hacía algo parecido al cruising, así que el corazón me iba a mil de la emoción mientras me ponía detrás de un árbol.

Los hombres empezaron a morrearse, y pronto sacaron sus pollas. Uno de ellos tenía un pollón muy gordo. Los otros dos tenían pollas normales. Los tres estaban en círculo, agarrándose las pollas entre ellos, y yo notaba que la mía se iba poniendo dura.

Mi escondite no era muy bueno y pronto me vio uno de ellos.
– “Eh, tú, deja de mirar y ven aquí.

Me acerqué al grupo, con el rabo cada vez más duro.
– “Te gusta mirar, ¿eh? ¿No prefieres hacer algo más? Estos son mis amigos, han venido de Francia para esta semana, a Olivier le gusta que se la coman los jovencitos” – dijo mientras señalaba al del pollón.
– “Yo… Nunca… Nunca he hecho nada con tíos…” – dije mientras miraba el pollón del francés.
– “Pero si has venido de cruising es porque quieres cambiar eso, ¿no?

Asentí con una sonrisa en la boca, y Olivier se acercó a mí. Me dijo con su acento francés que me pusiera de rodillas. Obedecí y cogí con mi mano derecha aquel pollón. La primera polla que tocaba en mi vida aparte de la mía. Le pajeé con las dos manos durante un rato, mientras el Español y el otro Francés seguían haciéndose pajas el uno al otro. Olivier me dijo que a qué esperaba para chuparla, así que me quité la gorra, miré aquel pollón y me lo acerqué a la boca.

Me encantaba el olor a polla, y en cuanto me metí su glande en la boca supe que también me encantaba el sabor. Se la comí durante otro rato, hasta que cogió mi cabeza y la apretó para meterme su polla todo lo que pudo. No me entró toda y me dio una arcada. Entonces el español dijo:

– “Bueno, los hombres vamos a follar. No hay sitio para niñatos ni mirones, así que tienes que irte.

Me metí por última vez aquel pollón Francés en la boca, me levanté y me despedí.

Seguí caminando, cachondo perdido por lo que acababa de hacer. Como no encontraba a nadie más, decidí hacerme una paja. Encontré un sitio entre unos árboles que estaba bastante bien. En el suelo había condones usados, y el saber que allí alguien había follado me puso más. Saqué mi polla y apoyé mi espalda en un árbol, mientras me pajeaba pensando en la polla del Francés.

Estuve cerca de correrme, pero por alguna razón paré. Tenía la sensación de que mi tarde de cruising no había acabado aún.

Me subí el bañador y seguí caminando. Al poco tiempo escuché pasos cerca y caminé en esa dirección. Vi al chico joven que había visto al principio de la tarde. Conforme nos acercamos, nos miramos y yo sonreí. Nos cruzamos y me da una palmada en el culo. Me giré y vi que se metía por un sendero, me di la vuelta y le seguí. Me llevó hasta el mismo sitio donde había estado pajeándome antes.

– “Cuando te quedaste mirándome la otra vez creía que te ibas a meter en las dunas. Fue una desilusión ver que seguías caminando.

– “Lo sé, fue un error. Déjame que te compense” – le dije acercándome.
Sacó su rabo y me dijo:

– “Es toda tuya. Compénsame.

Me puse de rodillas y me puse a mamar. No tenía un rabo tan grueso como el Francés, pero era un buen rabo. Le dije que este era el segundo rabo que chupaba en mi vida.

– “Pues la chupas bastante bien. Se nota que te gustan los rabos. Ahora calla y sigue mamando.

Que me mandara callar me puso más cachondo. Seguí chupando y pajeando su polla hasta que me dijo que se iba a correr, y que lo iba a hacer en mi cara. Cogió su polla y la pajeó mientras yo esperaba el lefazo. Estaba impaciente por saber cómo iba a ser. Alguna vez había probado mi propio semen después de una paja, pero esto era otro nivel.

El chico gimió y supe que el momento se acercaba. Vi como salía el lefazo y noté algo caliente en mi mejilla. El siguiente lefazo fue mayor y me manchó las gafas de sol, menos mal que las compré en una playa por 4€.

Después llegaron más lefazos que fueron a mi boca. Relamí el semen de mis labios mientras veía lo aliviado que se había quedado el chico.

Con su polla acercó el semen de mi cara a mi boca, y yo mamé su glande, sabiendo el gustazo que da una vez te has corrido. El chico gimió de placer.

– “Ahora te toca a ti aliviarte, ¿no?

Me levanté y me saqué la polla. Él me la cogió y se puso de rodillas. Me la chupó y me pajeó, pero no aguanté mucho porque estaba demasiado cachondo. Me corrí en su cara, soltando una buena lefada.

Nos despedimos y fui a darme un baño, necesitaba limpiarme. Es lo bueno del cruising en la playa, para lavarte las lefadas te metes al agua.

Relato escrito por: @shadowdick27

Comentario: “Relato Gay – De cruising por las playas de Ibiza

  1. José vaya experiencia. A mi me pasó algo parecido, nunca había hecho crusing y un día me dio curiosidad y un alemán me hizo un pajote. Lo disfruté. Tengo que repetir

Deja un comentario