Estaba camino a casa y me acordé de una de mis aventuras de jovencito…

Recuerdo que era una tarde de primavera y yo tenía dieciocho años, diariamente viajaba en el mismo autobús hasta mi casa con el que me gustaba ir conversando con el conductor un chico de unos treinta y tantos años que tenía unos grandes brazos y un pecho duro y peludo.

Una tarde quedamos solos en el autobús ya que yo bajaba en la última y de repente me dijo que había escuchado a mis amigos diciendo que yo era gay, enseguida me puse colorado.

Ya estábamos llegando a la parada y de repente frenó, me miró y me dijo que podía estar tranquilo que sabía por lo que estaba pasando. Rápidamente se acercó y me besó, yo estaba nervioso no sabía que estaba pasando, el llevaba la iniciativa y no paraba de tocarme, me sentía utilizado.

Enseguida comenzó a quitarse la ropa y empecé a tocar aquellos brazos que tanto miraba siempre, lamer aquel cuerpo de gimnasio, entre nerviosismo y calentón me comencé a desnudar y entregarme a el.

Fuimos para un asiento trasero, allí comenzamos a chuparnos las pollas, al conductor le encantaba que le comiera bien los huevos y pasará mi inocente lengua por su culo. Estiró el asiento, comenzó a jugar con mi culo al mismo tiempo que me agarraba los huevos y jugaba con ellos.

Cuando me di cuenta, el ya estaba comiéndome el culo y jugando con sus grandes dedos, lo tenía tan dilatado que no le costó meter varios. Rápidamente comenzó a follarme a cuatro patas y agarrándome fuerte con su brazo por el cuello, estaban montándome como nunca lo había hecho nadie, sin duda estaba siendo el mejor polvo hasta ese momento.

Cuando ya tenía el culo prácticamente roto se corrió dentro, y al mismo tiempo también solté toda mi leche entre gemidos.

Voy a intentar localizarlo de esto ya han pasado tantos años… igual ahora quiere volver a follarme tras este tiempo cogiendo experiencia con tíos.

Relato escrito por: @milktours

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