Ramón y yo decidimos parar en un Area de servicio y nos costó salir de aquel lugar unas cuatro horas, follamos con dos osos que por su dureza no podré olvidar en la vida.

Éramos en total cuatro en la parte trasera del camión, donde aquellos hombres tenían algo parecido a un sex shop. Nunca había visto tantos juguetes sexuales juntos, eran pollas enormes, látigos, fustas, una jaula, una enorme X, cadenas y una luz roja que hacía que mi amigo y yo no parásemos de pensar donde nos habíamos metido.

Nada más entrar, nos pusieron unas vendas en los ojos, nos desnudaron, colocaron unos collares y nos arrastraron como perros por aquel sucio camión.

Nos encerraron en la jaula y uno de ellos pronunció “obedeceréis y cumpliréis todas nuestras exigencias o de lo contrario quedareis encerrados“. Obligaron a que mi amigo y yo nos sobásemos, desnudásemos, chuparnos el rabo, el culo e incluso nos obligaron a mear en un comedero de perro. Estaba arrepentido de estar en aquel lugar.

Si queréis salir de la jaula tendréis que lamer como dos autenticas perras todo vuestro meo” dijo uno de aquellos corpulentos hombres. Rápidamente obedecimos y comenzamos a lamer aquello, aún estaba caliente, y me gustaba cuando mi amigo coincidía con su lengua y la mía en aquel cuenco, rápido me empalmé, e intenté disimularlo pero se dieron cuenta. “Mirar que perro más cerdo tenemos aquí, le gusta beber meos, vas a saber lo que es tragar” dijo el oso más bajito; en ese momento sacó su enorme rabo y comenzó a mearme por encima de la jaula, mientras mi amigo y yo sacábamos nuestras lenguas y jugábamos. El otro también comenzó a mear y nos obligó a lamer nuestros cuerpos llenos de aquel fuerte sabor.

Al terminar nos sacaron de la jaula y comenzaron a jugar con nuestros pezones. Mojaban sus dedos con la saliva y comenzaban a apretar despacio y los retorcían mientras nosotros nos moríamos de dolor y de placer al mismo tiempo.

El bajito se puso un condon y comenzó a follarse a mi amigo sin piedad, mientras le daba me obligaban a comerle los huevos, y el otro comenzó a jugar con mi culo hasta que decidió empotrarme, los gritos de placer se tenían que escuchar a kilómetros. Aquellos osos nos estaban follando sin ningún tipo de reparo y nosotros estábamos disfrutándolo.

Mientras nos follaban non mandaban mearnos y jugar con el meo, aquellos dos hombres estaban obsesionados. Llegó un momento en que estaba deseando que terminará, aquel hombre estaba matándome.

El otro oso dejo de follarse a mi amigo, se levantaron y se pusieron alrededor de mí mientras seguía siendo follado, me temía que soltarían toda la leche sobre mí; así fue, primero se corrió mi amigo, luego el oso y rápidamente el otro se corrió dentro de mi. “Perros no habéis terminado” dijo el que me había follado.

Mandaron a mi amigo que me pajeara y se comiera toda la leche que tenía sobre mi, hasta que solté toda mi corrida a la vez que gemía como una perra y mi amigo tragaba lefa. Nos mearon, azotaron y pudimos marchar a casa.

Relato Gay escrito por: @milktours

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